jueves, 15 de febrero de 2018

(FILM) LADY BIRD



Películas sobre la etapa en la que un adolescente pasa –literal o figurativamente- a la edad adulta hemos visto por montones. Es difícil que el género coming-of-age nos sorprenda o traiga cosas nuevas a la mesa. Y es por eso que cuando llega una película que logra inyectarle frescura al género, donde no hay escenas desperdiciadas, donde el diálogo es inteligente, citable incluso, y donde los personajes están bien delineados, se le recibe con manteles largos.

La actriz Greta Gerwig hace su debut detrás de cámaras con Lady Bird, apodo de Christine (Saoirse Ronan), quien navega las dificultades de una existencia monótona en Sacramento, California, a principios de los 2000, mientras sueña con ser aceptada en alguna universidad que le permita desarrollar sus dotes artísticos.

A pesar de no ser una película autobiográfica, Gerwig plantea su historia en la ciudad que la vio crecer, y muestra una habilidad nata para retratar la adolescencia, desde el querer pertenecer, ser cool, los primeros crushes, los pleitos con los amigos, y la relación tormentosa con los papás.

Es en este último punto donde Gerwig pone el ojo con más detalle, convirtiéndose eventualmente en la historia de una mamá y su hija. Una historia difícil y llena de resentimientos, pero también con un gran corazón y retratada sin aspavientos por su directora, cuyo guion es emocional, sincero y muy ocurrente. 

Mención aparte al elenco, que está uniformemente excelente, y en el que Ronan y Laurie Metcalf se lucen como anclas de una de las mejores películas de la temporada.

Directora: Greta Gerwig. 
Elenco: Saoirse Ronan, Laurie Metcalf, Lucas Hedges, Tracy Letts, Timothée Chalamet, Beanie Feldstein.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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