domingo, 15 de octubre de 2017

(FILM) BLADE RUNNER 2049



En junio de 1982 llegó a las pantallas de cine Blade Runner, dirigida por Ridley Scott y basada en la novela “Do Androids Dream of Electric Sheep?” de Philip K. Dick. La respuesta tanto de la crítica como de la audiencia fue tibia, además de que la producción se vio envuelta en muchos problemas entre los ejecutivos y los creadores, y al día de hoy existen siete versiones oficiales de la película. Pero el tiempo se encargó de alzarla a estatus de culto, y su influencia en la cultura popular se ha sentido desde entonces.

Treinta y cinco años después llega Blade Runner 2049, la secuela dirigida por Denis Villeneuve, que está basada en una idea original y comparte a un escritor con su antecesora, Hampton Fancher. En esta ocasión la respuesta de la crítica ha sido mayoritariamente positiva, pero el público general se ha mantenido lejos una vez más. Quizás era de esperarse dada la reacción a la primera película, y es que a pesar del respeto que se le tiene hoy en día, no es una producción que lograra romper la barrera de una audiencia más especializada. Incluso previo al estreno de este nuevo filme, la pregunta más recurrente era: “¿Necesito haber visto la primera para entenderle a la segunda?”.

Mi respuesta siempre fue que “No”, pero iba acompañada de una invitación a buscarla, pues la experiencia definitivamente es más enriquecedora y parte de un universo más amplio.

En este universo existen los replicantes, androides creados para asemejar a los humanos y realizar labores arduas. Los blade runners, por otro lado, se encargan de cazarlos, o “retirarlos”, ya sea por desobediencia, o porque ya son modelos viejos. Así es como conocemos a K (Ryan Gosling), que en una misión de rutina descubre los restos de la replicante Rachael (Sean Young), los cuales muestran evidencia de que tuvo un bebé, un “milagro” que podría alterar el orden general, y por ende a K se le asigna encontrar al niño y desaparecer cualquier rastro. Sin embargo, el creador de replicantes Niander Wallace (Jared Leto), tiene otros planes -y un complejo de dios- que se interpondrán en su camino.  

K –lo sabemos desde el principio- es replicante, un modelo nuevo creado para obedecer. Vive en un modesto departamento y su única compañía es el holograma Joi (Ana de Armas), creada para darle gusto. Y bajo la superficie de ambos está esa añoranza de ser libres, de tener voluntad propia, de ser… humanos. Blade Runner 2049 es una película llena de ideas bajo esta línea. ¿Qué significa ser humano? Si fuiste creado, ¿tienes alma? Lo que sientes, ¿es real? El poder de las memorias, la necesidad de pertenecer, el miedo a la soledad, amar y ser amados.

La densidad de estos temas, sin embargo, no recibe demasiada profundidad, algo que esta película hereda de su antecesora. Estamos, ante todo, frente a dos películas que tienen como eje central investigaciones policiacas que se llevan a cabo en un entorno de cine negro envuelto en ciencia ficción. Los cuestionamientos filosóficos que surgen a partir del tema de la inteligencia artificial simplemente se ponen sobre la mesa para ser ponderados por el espectador bajo el prisma de lo que trae consigo a la proyección, algo que podría ser una oportunidad perdida, o no, dependiendo de las expectativas individuales.

K termina por ser un personaje fascinante, trágico, enigmático; el arco principal de la película cae sobre sus hombros, y en sus ojos podemos ver la desesperación y el deseo por ser una persona real, un complejo de Pinocho que Ryan Gosling interpreta magníficamente. Caso contrario el de Rick Deckard (Harrison Ford), protagonista de la Blade Runner original, y que figura ampliamente en la campaña publicitaria de esta nueva entrada, pero que aparece hasta el tercer acto más como un guiño a la nostalgia que como una adición orgánica. Deckard es parte integral del misterio central, sí, e interviene en un par de secuencias memorables (la pelea en el casino, cierta aparición del pasado), pero su participación apenas y avanza la trama; si bien su presencia es bienvenida, parece que está ahí meramente para reaccionar a todo lo que pasa a su alrededor, y por ende la película sufre en su camino a una conclusión satisfactoria.

Por eso, y porque además es demasiado larga (casi como esta reseña).

Cabe destacar que ambos personajes/actores están rodeados de un séquito de mujeres en papeles claves que, a pesar de tener menos tiempo en pantalla, dejan una considerable impresión. Todas. Sin excepción. Crédito a ellas, a los escritores, y a la imaginación de todos los involucrados para ver en esta gama de actrices internacionales el potencial para destacar y crear personajes indelebles. Me refiero a Robin Wright (americana), Ana de Armas (cubana), Hiam Abbass (israelí-palestina), Mackenzie Davis (canadiense), Carla Juri (suiza), y Sylvia Hoeks y Sallie Harmsen (holandesas).

El mayor logro de Villenueve radica, pues, en haber respetado la estética y esencia de la primera película, pero imprimiéndole una identidad propia. Blade Runner 2049 se sostiene por sí sola como una experiencia que por momentos nos hace levitar, con una narrativa elegante e inteligente que toma las bases que ya existían y las lleva más lejos. Y que además es un logro artístico de primer nivel; las palabras faltan para describir el grandísimo trabajo de Roger Deakins en la fotografía, Dennis Gassner en el diseño de producción, y Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer en la música.

Dejaría de ser Blade Runner si no quedaran preguntas en el aire. Hay muchas, pero me quedo con la más importante de todas: ¿Por qué Joi puede reaccionar físicamente a la lluvia?

No importa, cuando lo hace es glorioso.  

Director: Denis Villeneuve.
Elenco: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Sylvia Hoeks, Robin Wright, Hiam Abbass, Mackenzie Davis, Jared Leto, Carla Juri, Dave Bautista, Sallie Harmsen, Edward James Olmos.

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