miércoles, 1 de junio de 2016

(FILM) ¿QUÉ CULPA TIENE EL NIÑO?



Al día de hoy, ¿Qué culpa tiene el niño? es ya la tercera película mexicana más taquillera de la historia, tan solo detrás de No se aceptan devoluciones y de Nosotros los Nobles, ambas de 2013. Llama la atención que dos de ellas no solamente tienen a Karla Souza de protagonista, sino que se podría decir son una variación de la misma película, como si Bárbara Noble hubiera quedado embarazada después de una borrachera y lo que viene después. La fórmula le ha funcionado muy bien a Souza, quien ha sabido explotar su imagen de niña fresa que por circunstancias del destino se tiene que relacionar con gente más, pues, sencilla que ella.  

Sin ponernos demasiado profundos, es curioso cómo a los espectadores mexicanos nos causa tanta gracia este tipo de temas referentes a las diferencias sociales, en los que se exagera la frialdad y superficialidad de los ricos (villanos), y lo populachero y valemadrista de los pobres (héroes). Se perpetúa así un cliché que tenemos impregnado desde las telenovelas clásicas de la gran televisión mexicana en que ambos sectores viven en su propia burbuja y no parecen saber cómo comportarse el uno frente al otro. Se lo dejaré a pensadores más calificados que yo, pero esta fascinación se ha traducido en una fuente de ingresos muy prolífica para realizadores que lo han sabido explotar, poniéndonos frente a un espejo para ridiculizar estas diferencias y al final adoctrinarnos sobre cómo todos los humanos somos iguales y cómo todos tenemos nuestro corazoncito.

Así pues, la película funciona mejor en partes que como un todo. La verdad es que me hizo reír, sobre todo en las escenas que involucran al personaje de Mara Escalante, y una que otra de Jesús Ochoa o de Biassini Segura como “El Cadaver”. Además de que el casting de Ricardo Abarca como Renato es muy acertado y el único personaje con el que realmente empatizamos de lleno. Sin embargo el ritmo de la película es nulo, como si varios sketches –algunos más exitosos que otros- se hubieran pegado con cinta adhesiva para contar una historia de dos horas, pero sin tomar en cuenta tono y coherencia (un ejemplo: Souza rapeando de la nada). El director Gustavo Loza no es ningún novato, y logró mejores resultados con Paradas continuas (2009) y La otra familia (2011), pero aquí faltó la mano dura de un editor que pusiera orden para hacer una película más ágil y funcional.

También por ahí hay una vuelta de tuerca que me pareció totalmente innecesaria, en que seguro a alguien se le ocurrió y como se oía chistoso dijeron “¡métanlo!”. He leído también que ésta ni siquiera fue la primera opción que se filmó, ya que el público rechazó otra en funciones de prueba y tuvieron que cambiarla. Ahí es donde digo: ¿para qué se hacen bolas? La película iba para cierto desenlace típico del género con algo sencillo y complaciente que le hubiera quedado de maravilla, en lugar de lo que finalmente dejaron y que claramente se tuvo que medio arreglar con un epílogo feliz.

Con ¿Qué culpa tiene el niño? no la pasas mal, al contrario, es una película agradable, dominguera, con varias buenas puntadas y que está hecha para divertir; al final de cuentas lo medio logra, pero sí queda el sentimiento de que pudo haber sido mucho mejor.

Director: Gustavo Loza.
Elenco: Karla Souza, Ricardo Abarca, Jesús Ochoa, Mara Escalante, Biassini Segura, Mar Carrera, Gerardo Taracena, Rocío García, Fabiola Guajardo.





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