jueves, 20 de agosto de 2015

(FILM) ELVIRA, TE DARÍA MI VIDA PERO LA ESTOY USANDO



Hay algunos directores con estilos tan definidos que con tan solo ver una secuencia de sus películas puedes identificar inmediatamente quién está detrás de las cámaras. Wes Anderson, Pedro Almodóvar y Carlos Reygadas son tan solo algunos ejemplos, y aunque el mexicano Manolo Caro cuenta en su filmografía con apenas tres películas ha logrado imprimirles una voz muy específica que parece estar llevándolo por el mismo camino, moviéndose en una línea muy delgada entre el cine de autor y una propuesta más accesible que está resultando en películas diferentes y llamativas, algo que no ha pasado indiferente para el público mexicano.

En Elvira… pone al frente a Cecilia Suárez como una mamá de dos pequeños que es abandonada por su esposo; esto la consume al grado de obsesionarse por encontrarlo, al tiempo que tiene que salir adelante por su familia.

Caro tiene buen ojo para escribir personajes femeninos fuertes, complicados y guerreros, algo que se agradece pues hacen falta más personajes así en el cine. Elvira es quizás su creación más entrañable, una mujer como cualquier otra sobreviviendo el día a día y que en un instante ve su vida transformada. Esto la fuerza a tomar las riendas, desde conseguir trabajo cuando que no sabe hacer nada, hasta ver por el bienestar de sus hijos; todo esto mientras trata de mantener las apariencias y de lidiar con un corazón roto, algo que la lleva a vivir una especie de renacimiento y a hacer cosas que seguramente no pensó sería capaz. Se trata, sí, de una mujer al borde de un ataque de nervios.

Pero no todo es drama en la vida de Elvira, o por lo menos no para el espectador, ya que Caro imprime su guion con atinadas dosis de comedia fársica, algo que en general él sabe hacer muy bien. Estos momentos casi siempre vienen de la mano de sus personajes secundarios, siempre con características muy específicas que los hacen únicos y que proveen momentos divertidos, inesperados y ciertamente exagerados, pero que van acorde al tono de la película y que –en su mayoría- no te sacan del momento por el que está pasando la protagonista, sino que ayudan a recalcar lo absurdo de la vida.

Dicho esto, también me parece que la película se le va de las manos en varias cuestiones, sobre todo porque él busca que como espectadores empaticemos con Elvira, pero para lograrlo tiende a caer en argumentos muy forzados. Mi mayor problema fue con el personaje del marido, cuyas acciones al principio de la película no coinciden en cuestión de carácter con lo que pasa eventualmente en la trama con él, y que dan pie a un final totalmente artificial y decepcionante. Luego están las escenas con su mamá, que quizás arrojan cierta información sobre la personalidad de Elvira pero que la verdad son totalmente prescindibles. Y más decepcionante aun lo que hace -o deja de hacer- con el personaje de la vecina, al que Caro le da bastante importancia y que por momentos parece fungir como una figura entre satírica y conciliadora con rasgos obsesivos bastante marcados, pero que al final de cuentas deja ahí como un peón más sin aterrizarlo en algún momento o utilizarlo para decir algo, lo que sea. Todo esto sin mencionar cuestiones más prácticas como ventanas convenientemente abiertas, funerales bastante inverosímiles, chantajes poco creíbles, etc.

Eso sí, no entraré en territorio de spoilers pero sólo diré que Caro aplica un truco bastante ingenioso con la dualidad de cierto personaje que le queda muy bien, sobre todo porque es un recurso arriesgado pero que funciona precisamente porque hace sentido con lo que está viviendo Elvira.

No puedo dejar de mencionar el diseño de producción de Fernanda Guerrero y la fotografía de Mateo Londono, que le dan al ambiente un cierto toque entre kitsch y vintage muy original que no entorpece la historia, sino al contrario. Y en cuestión de actuaciones Cecilia Suárez le da todo al personaje, pero aunque está excelente a ratos, también está muy sobreactuada en otros, algo que sinceramente hace difícil esa identificación que debemos tener con ella. La acompañan Luis Gerardo Méndez, Carlos Bardem, Angie Cepeda y una excelente Vanessa Bauche.

Al final de cuentas -detalles más detalles menos-, es un ejercicio aplaudible de Manolo Caro, que por primera vez dirige un guion que fue concebido específicamente para cine y de quien, en lo personal, espero entusiasmado lo que su carrera traiga en el futuro.

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