martes, 9 de junio de 2015

(TV) SENSE8: Temporada 1




Mientras esperamos el estreno de la tercera temporada de Orange Is The New Black en unos días más, Netflix estrenó su nueva producción original, Sense8, cortesía de los hermanos Andy y Lana Wachowski (que removieron el “Brothers” de su nombre y ahora aparecen en los créditos sólo como “The Wachowskis” desde la transición de Lana). Sus últimas películas como directores, Speed Racer (2008), Cloud Atlas (2012) y Jupiter Ascending (2015), tuvieron a sus defensores, pero en general la reacción fue fría. Ahora regresan con esta serie por demás ambiciosa en un formato que les permite extenderse más en sus historias y mitologías; esto es bueno y malo a la vez, pero no deja de ser interesante.   

La serie abre con una escena abstracta en la que una mujer (Daryl Hannah) parece ser perseguida y ante los ojos del misterioso Jonas Maliki (Naveen Andrews) se suicida, no sin antes “dar vida” a ocho sensates, personas que no se conocen entre sí pero que ahora están unidos mentalmente como si fueran uno solo. Seguimos entonces las historias de estos: la empresaria Sun Bak (Doona Bae) en Seúl, la hacker Nomi (Jamie Clayton) en San Francisco, el ladrón Wolfgang (Max Riemelt) en Berlín, el actor Lito (Miguel Ángel Silvestre) en la Ciudad de México, la novia Kala (Tina Desai) en Mumbai, el policía Will (Brian J. Smith) en Chicago, la DJ Riley (Tuppence Middleton) en Londres y el emprendedor Capheus (Aml Ameen) en Nairobi.

Los Wachowski dirigieron 7 de los 12 capítulos, dejando la batuta de los restantes a artistas que ya han colaborado con ellos en otros proyectos como Tom Tykwer (co-director de Cloud Atlas), James McTeigue (director de V for Vendetta) y Dan Glass (supervisor de efectos especiales de casi todos sus proyectos). Sense8 tiene una clarísima influencia de su Cloud Atlas, enfocándose en temas como la conexión de los humanos en diferentes tiempos y lugares, así como el sentido de la vida, las cosas que nos unen, el amor como motor de nuestras vidas, la libertad de ser uno mismo, el resolver dilemas personales, el miedo a la soledad y la búsqueda de la felicidad. Si suena denso es porque lo es, y la verdad es que la serie tiene un ritmo lento en parte porque tiene muchas escenas eternas en que los personajes se ponen a filosofar, pero depende de qué tanto nos importe cada uno el nivel de tolerancia que tenemos hacia éstas. Como sea la serie logra transmitir sus ideas claramente y alcanzar cierto nivel de optimismo y fe en la humanidad.

En cuestión de estructura para mí la primera mitad de la serie -hasta el capítulo 6 ó 7- es mucho más interesante y entretenida, pues empezamos a conocer a los personajes y somos testigos de cómo van adaptándose a esta nueva sensibilidad que descubren entre ellos, las relaciones que establecen y cómo las utilizan, mientras que no sabemos mucho de lo que realmente está pasando pero nos dejamos llevar al igual que ellos. La segunda mitad, por otro lado, se vuelve algo repetitiva, melodramática y hasta cierto punto decepcionante cuando empiezan a caer todas las explicaciones y se le da más énfasis a la “ciencia” dentro de la ciencia ficción, villano unidimensional incluido. En ese sentido me recordó mucho a Orphan Black y su enmarañada segunda temporada, un proyecto con el que también tiene una fuerte similitud temática por cierto.

Como normalmente pasa cuando se entrelazan historias de varios personajes, hay unas que funcionan mejor que otras y ésta no es la excepción. Mi favorita por mucho es la de Sun en Corea, quien me parece el personaje más interesante y cuyo drama familiar toma tintes trágicamente Shakespearianos. La de Nomi en San Francisco es también muy llamativa, siendo un personaje transgénero que junto con su novia (la carismática Freema Agyeman) tienen que escapar cuando sus vidas corren peligro. Y la del policía Will en Chicago es muy ágil e impredecible, lo que la hace muy atractiva. Por otro lado hay otras historias que juegan papeles más específicos y por ende son más monótonas, como la de Kala que es más bien romántica y sobretodo informativa sobre las costumbres de las bodas indias, o la de Riley en Londres que es más existencial y termina por cerrar el ciclo de todos en Islandia, pero que aun así me pareció soporífera.

Mención aparte merece la historia de Lito, el actor enclosetado de México, que por mi nacionalidad quizás veo con ojo doblemente crítico pero que a mi parecer es de un tono tan exagerado y caricaturesco que hasta parece pertenecer a otra serie por completo. La ciudad se ve bien y se agradece que las locaciones no son el cliché de lo que vemos normalmente, pero el tono es burdo y telenovelesco, lo cual lamentablemente distrae y es quizás por eso también que Lito es de los personajes que menos conviven con sus siete contrapartes. Eso sí, el mejor gag de toda la serie se lo lleva él cuando le recuerda a cierto personaje que alguna vez tuvieron sexo y la subsecuente reacción de éste.

Otro de los fuertes de la serie son definitivamente las escenas de acción, sobre todo cuando los personajes se empiezan a ayudar unos a otros para compartir habilidades. La verdad es que es muy conveniente que tres de los personajes sean expertos en pelear casi a nivel de superhéroes, pero así logran sacar de apuros a varios y de paso se traduce en secuencias muy originales. Aquí mis respetos tanto a los creadores (J. Michael Straczynski junto con los Wachowski) como a todo el equipo de producción, fotografía y edición que tuvo que darle forma a un rompecabezas logístico de proporciones globales y aparte cuidar todo tipo de detalles que van desde la continuidad de las diferentes zonas horarias de los personajes hasta cuestiones como el vestuario y maquillaje de los actores al filmar a veces la misma escena en hasta tres locaciones diferentes alrededor del mundo. El resultado en pantalla es espectacular.

Dejarían de ser los Wachowski también si no hubieran destellos de brillantez regados esporádicamente por los diferentes capítulos. Hay cuatro secuencias en particular que se llevan mención honorífica, de las cuales la más comentada ha sido una especie de orgía telepática que involucra a todos los géneros y colores del arcoíris y que hay que ver para creer; sin duda memorable y única. También hay un montaje muy al estilo de Magnolia (1999) en que todos los personajes se unen mientras cantan la “What’s Up” de 4 Non Blondes, otra secuencia muy emocional –y explícita- en que todos ven sus propios nacimientos, y finalmente otra secuencia en el clímax de la serie en que todos se unen con sus habilidades particulares para lograr el mismo objetivo. Momentos realmente cinemáticos y hasta revolucionarios cuando se trata de la pantalla chica que hacen que valga la pena echarle un vistazo a este proyecto monumental con muchas cosas que decir. 

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