viernes, 29 de mayo de 2015

(FILM) MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO



"Mad Max: Fury Road"

La primera película de Mad Max, una modesta producción que puso en el mapa al director George Miller y al actor Mel Gibson, fue estrenada antes de que yo naciera. Y a pesar de ser cinéfilo nunca me inspiró ver la famosa saga –compuesta de otras dos secuelas- incluso sabiendo de su estatus de culto. Por eso cuando hace un par de años se anunció que habría una nueva entrega la verdad es que me dio lo mismo, pero luego empezaron a salir los avances y mi postura cambió. Decidí entonces ver las películas originales y aunque me gustaría decir que me volví loco por ellas la realidad es que… no tanto. Entiendo que en los ochentas causaron revuelo y que las secuencias de persecuciones fueron revolucionarias, pero simplemente no hice click y se me hicieron hasta aburridas. Así las cosas.

Dadas las circunstancias no estaba preparado para el nivel de entusiasmo que ahora siento por esta nueva película, Mad Max: Furia en el Camino, en el que el loco visionario de Miller redefine las reglas del cine de acción y las desmenuza una por una para entregar secuencias de un nivel de maestría que muchos directores décadas más jóvenes ya quisieran tener. Adrenalina pura de esa que te deja agotado una vez que todo terminó.

La trama es simple: nos encontramos en un mundo post-apocalíptico en que hay una escasez de comida y agua; aquellos que la tengan tienen el control sobre la población. Uno de estos, Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), manda un convoy liderado por Imperator Furiosa (Charlize Theron) para traer gasolina. Sin embargo ella tiene otros planes: ayudar a escapar a cinco de las “esposas” de este tirano.

¿Dónde entra Max entonces? Esta es una de las muchas virtudes de la película: Max eventualmente ayuda a estas mujeres en su fuga, pero la película le pertenece tanto a ellas como a él. Se ha escrito mucho sobre lo feminista de la trama, y si bien esa palabra ya tiene más interpretaciones de las que yo pueda contar, sí se trata de una película en la que se le tiene gran respeto a los personajes femeninos, empezando por la imponente Furiosa –quien necesita a Max para sobrevivir tanto como él la necesita a ella- y seguido de las esposas, quienes parecen sacadas de un catálogo de Victoria’s Secret (en algunos casos así lo fue) pero que tienen personalidades definidas y no son solamente el típico personaje de la damisela en peligro, sino que participan también en la pelea contra sus perseguidores. Algunas sorpresas en el camino que no quiero arruinar también apoyan esta noción, y el resultado final es en efecto un gran escaparate que demuestra que las mujeres también pueden llevar sobre sus hombros este (y cualquiera, si nos vamos a eso) tipo de películas.     

Otra de las genialidades de esta entrega es la increíblemente poca verborrea que tiene. Vivimos en una época en que los personajes de las películas nos tienen que explicar hasta el último detalle, algo que se convierte en un exceso de exposición que contrarresta fuertemente con lo que Miller hace aquí. Los diálogos son breves y espaciados, con lo poco que se dice nos damos una idea del trasfondo de los personajes y del momento en el que se encuentran. Las expresiones de los actores dicen más que mil palabras. Se trata, pues, de que la película fluya, y eso me remite a su punto más fuerte: la acción.

Miller decidió utilizar lo menos posible de efectos especiales, por lo que las secuencias de persecución son mayoritariamente filmadas con efectos prácticos. Esto se nota, y le da a estas secuencias una verisimilitud que se agradece y que se aleja mucho del modelo tipo videojuego que permea las películas de acción hoy en día. Vamos, por primera vez en mucho tiempo sentí el peligro que sienten los personajes, casi como si estuviera ahí y donde la supervivencia de nadie es segura. Por otro lado el gran trabajo de edición de Margaret Sixel –esposa del director- hace que todo se sienta natural, en todo momento sabemos dónde están los personajes, lo que está pasando en cada lugar y lo que está en juego. Un trabajo monumental, sobre todo cuando uno ve el detrás de cámaras y es difícil explicarse cómo se trasladó eso a una narrativa coherente, apoyado claro por el impecable trabajo de fotografía del maestro John Seale y la increíble música de Junkie XL (guitarrista lanza fuego incluido).

Charlize Theron, sin embargo, es quien se lleva la película, siempre fuerte pero denotando un pasado traumático que podemos percibir con tan solo ver sus ojos. Su Furiosa es un personaje inmediatamente emblemático a la par del propio Max. Tom Hardy, por otro lado, es un gran actor que convence en papel de éste -sobre todo con su fisicalidad-, pero que en algunas escenas con diálogos parece no encontrar el tono adecuado; el mismo actor ha dicho públicamente que nunca supo qué es lo que quería el director de él, lo cual se nota. Mención aparte a Nicholas Hoult en el papel de Nux, el personaje con quizás el mayor arco de todos y que dentro de su locura provee varios momentos tanto cómicos como sentimentales. Rosie Huntington-Whiteley, Zoë Kravitz, Riley Keough, Abbey Lee y Courtney Eaton todas realizan un buen desempeño como las esposas.

Es una película bizarra, sí, llena de personajes únicos, con un lenguaje muy particular y hasta con ciertos aires de espiritualidad. Me atrevo a llamarla una obra maestra y sin duda un ejemplo a seguir.

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